TEATRO: Concha Velasco alcanza las 200 representaciones de ‘Olivia y Eugenio’

Concha Velasco alcanza las 200 representaciones de ‘Olivia y Eugenio’

El espectáculo se estrenó en septiembre de 2014 en Zaragoza y en estos momentos está haciendo temporada en Valencia

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Anoche, en el Teatro Olympia de Valencia, se llegó a la representación número 200 del espectáculo teatral Olivia y Eugenio, protagonizado por Concha Velasco y los actores Hugo Aritmendiz y Rodrigo Raimondi. Este texto de Herbert Morote, dirigido por José Carlos Plaza, se estrenó el 26 de septiembre de 2014 en el Teatro Principal de Zaragoza y ha recorrido más de setenta ciudades a lo largo y ancho de toda la geografía española. Hasta el próximo domingo 31 de enero levantará el telón ante el público valenciano.

Olivia y Eugenio continúa de gira hasta el mes de marzo visitando ciudades como Lleida, San Cugat, Cornellá, Palencia, León, Zamora, Salamanca o Benavente.

Se trata de una producción de Pentación Espectáculos y Focus en la que Concha da vida a Olivia, una madre que atraviesa un mal momento de salud y se enfrenta a un hijo, Eugenio, al que dan vida dos actores, Hugo Aritmendiz y Rodrigo Raimondi, un joven con Síndrome de Down.

Para completar el equipo artístico de este montaje teatral, a los actores, autor y director hay que sumar el diseño de vestuario, de Lorenzo Caprile; el diseño de iluminación y escenografía de Francisco Leal; y la música original de Mariano Díaz.

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Sinopsis de la obra, según su autor

En Olivia y Eugenio, madre e hijo enfrentan una situación extrema donde se cuestionan valores que surgen en tiempo de crisis. La tragedia se acerca irremediablemente a Olivia, que rememora su pasado haciendo un sincero ajuste de cuentas con su marido, madre, amistades, médicos, y con todos aquellos que presumen de ser normales, como políticos, profesionales y deportistas con éxito. Sobre ellos Olivia se plantea si son más normales que su hijo Eugenio, un joven con síndrome de Down.

Finalmente, ¿quién es normal en esta vida? Al igual que Job Olivia también ajusta cuentas con Dios, quejándose de la cruel vejez que se lleva poco a poco órganos vitales que le permitían vivir dignamente.

A pesar del latente suicidio, la obra quita hierro a la tragedia, es decir no la dramatiza ni la melodramatiza con discursos sentimentaloides, Olivia ya pasó esa etapa. Ahora se enfrenta a la mecánica de lo prosaico, lo ordinario. Esto sería análogo a un suicida que duda de la resistencia de la soga y tiene problemas para hacer bien el nudo corredizo.

Ayuda a esta desdramatización la participación ingenua de Eugenio que sin querer abre una alternativa a la enésima hora obligando a Olivia a pensar si no hay otra solución o al menos postergarla. Al final, cuando todo está decidido y encaminado salta la sorpresa para ella y lógicamente para el espectador. Es una obra actual dentro del marco de la corrupción política, terrorismo, alcoholismo juvenil, inseguridad ciudadana, de la que se desprende otra pregunta, ¿quién es realmente feliz, una persona que parece tener éxito o un joven como Eugenio?

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