CRÍTICA: Un clásico convertido en espejo de nuestra actualidad

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Leyendo el clásico de Moliere, uno puede pensar que las cosas han cambiado mucho desde entonces en nuestra sociedad. Pero si nos paramos a analizar el comportamiento humano, lo cierto es que en muchas cosas seguimos exactamente igual, sólo que ahora nos valemos de métodos más modernos que dan soporte a nuestros actos.

Miguel del Arco es quien ha creado ésta adaptación libre que también dirige. Con ese estilo reivindicativo e indagador de conciencias que ya caracteriza todas sus obras, nos pone delante de los ojos una situación actualizada que critica ciertos comportamientos humanos. Una necesidad de encajar en los cánones de sociedad que lleva a los individuos a comportarse de maneras contradictorias. Personas que efusivamente demuestran aparente afecto hacia otros que en cuanto se dan la vuelta cambian sus opiniones de manera radical. Las pelucas empolvadas y las elegantes fiestas de sociedad han dado paso a los móviles, los vestidos brillantes y las fiestas de empresa en discotecas, pero las palabras y las actitudes siguen siendo las mismas que Moliere criticase en su obra.

Una escenografía sencilla que nos lleva al callejón trasero de un local donde se celebra una fiesta, un juego de luces y proyecciones que nos trasladan del mundo real a las sensaciones del protagonista y que incluye una canción original interpretada y compuesta por Asier Etxeandía (Quédate quieto). Todo ésto rodea un trabajo fantástico de interpretación para poner en pié este proyecto.

Después de tres años en los que éste montaje ha cosechado grandes éxitos, ha regresado a Madrid con algunos cambios en el elenco.

 

Israel Elejalde es Alcestes, un hombre que ni entiende ni comparte lo que vé en el mundo, que su deseo sería alejarse de todo contacto humano para así no verse corrompido por ellos. Pero que al mismo tiempo, contradiciéndose a sí mismo, está enamorado de quien encarna todos esos defectos. Un personaje atormentado por todo lo que le rodea y que llevado a la escena en la piel de este fantástico monstruo teatral, adquiere tintes muy humanos que permiten entender y defender su mundo interior. Queremos desde aquí valorar este gran trabajo, que sin duda sigue en la línea de lo que Elejalde hace siempre: excelencia interpretativa.

Ángela Cremonte es Celimena, una joven cuyo único afán es encajar en su mundo y hacer lo que se espera de ella, siguiendo todas las normas que la sociedad le impone, aunque llegue a verse atrapada por esas mismas normas consiguiendo justo todo lo contrario. Dice estar enamorada de Alcestes, pero está rodeada de amantes, y ella se deja llevar por las conveniencias. Maravilloso trabajo interpretativo para traer a un personaje voluble y superficial que consigue en cierto momento atraer la empatía del público.

José Luís Martínez es Clitandro, directivo cínico que está dispuesto a participar en conversaciones para criticar a todos pero que censura las mismas cuando las críticas le incluyen a él. Encaprichado de Celimena, dado a vicios y apuestas, representa un gran exponente de lo que la obra critica. Una gran interpretación para crear un personaje con mucha fuerza.

Miriam Montilla es Elianta, antigua pareja de Alcestes y esposa de Filinto. No está de acuerdo con lo que la sociedad le impone y con lo que ésta hace en su marido, pero de alguna manera ha aprendido a conformarse. Un fantástico trabajo que muestra un personaje que se ha rendido, que ha renunciado a intentar cambiar las cosas a pesar de que no le gusten.

Manuela Paso es Arsinoé, amiga de Celimena cuyo objetivo en la vida es defender la virtud, mientras por otro lado cae en los mismos crímenes sociales que los demás. Aparentemente indignada ante las actitudes falsas de los que la rodean, utiliza las mismas tretas para sus propios intereses. Una interpretación muy potente al servicio de un personaje lleno de verdad y fuerza.

Raúl Prieto es Filinto, gran amigo de Alcestes y casado con Elianta. Si analizase su realidad se daría cuenta de que su amigo tiene razón, pero le asusta hacerlo y prefiere mostrar un conformismo con lo que le rodea que, aunque no siente, le resulta más cómodo y menos arriesgado. Un trabajo fantástico que destaca por ser veráz, generando un personaje que podemos comprender a pesar de todo.

Y Cristóbal Suárez es Oronte, un hombre que busca la aceptación social a través del ruido y la excentricidad. Presume de ser un gran artista, compositor, y todo el mundo le baila el agua, como hacen con los demás. Enamorado de Celimena y rencoroso con quien no le da la razón, es un personaje intenso y convencido de sus actitudes. No podemos sino destacar su gran trabajo interpretativo,mostrándonos un personaje diferente cuando está rodeado de gente o quiere impresionar o cuando está solo con Celimena, donde su intensidad se rebaja para mostrar su verdadera persona.

 

Todos estos ingredientes componen un proyecto que no podía defraudar. Grandes actores, un texto fantástico y una adaptación y dirección magistral traen al escenario una auténtica obra de arte que nadie debería dejar de disfrutar. Acaban la temporada en Madrid, pero confiamos en que pronto habrá buenas noticias, ¡os informaremos!

 

 

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