TEATRO: «Las Amargas Lágrimas de Petra von Kant» el amor como tragedia del poder

 

Pocas obras han explorado con tanta crudeza los laberintos del amor y la dominación como Las amargas lágrimas de Petra von Kant. Escrito en 1971 por Rainer Werner Fassbinder, este drama es mucho más que una historia de desamor: es una disección brutal de las dinámicas de poder en las relaciones humanas, una exploración de la fragilidad y la obsesión, y un testimonio de la angustia existencial en la modernidad. La puesta en escena de Rakel Camacho en la Sala Max Aub de Nave 10 Matadero no solo respeta el espíritu de la obra, sino que lo potencia con una intensidad perturbadora, acercándolo con precisión quirúrgica a nuestro presente. Podrá verse en Nave 10 Matadero de Madrid hasta el 20 de abril de 2025.

 

El universo de Fassbinder: el amor como sistema de opresión

Las amargas lágrimas de Petra von Kant es, ante todo, una tragedia del poder. En este microcosmos casi claustrofóbico, Fassbinder desmonta las ilusiones románticas para mostrar que el amor, lejos de ser un espacio de liberación, puede convertirse en una forma de opresión. Petra, la protagonista, es una diseñadora de éxito que, tras un divorcio, vive en un universo controlado, donde cada gesto y cada palabra están bajo su dominio. Su secretaria y asistente, Marlene, es la encarnación más pura de la sumisión: silenciosa, obediente, siempre presente y al mismo tiempo espectral.

La llegada de Karin, una joven de origen humilde, desata un huracán emocional que invierte el equilibrio de poder. Petra, acostumbrada a controlar, se encuentra atrapada en su propio deseo. Pero Karin no es simplemente una víctima o una oportunista; es un personaje ambiguo, que responde a las reglas de un juego en el que nadie es completamente inocente. Fassbinder nos recuerda que el amor, cuando se vive como posesión, conduce inevitablemente a la destrucción.

 

Una puesta en escena que amplifica el vacío emocional

Rakel Camacho plantea una dirección que no se limita a ilustrar el texto de Fassbinder, sino que lo amplifica en una clave casi cinematográfica. Luis Crespo firma una escenografía que encapsula el universo emocional de Petra con una precisión quirúrgica: un espacio donde la estética y la decadencia conviven en una tensión constante. La iluminación de Mariano Polo refuerza esta sensación de encierro y transformación, con sombras que parecen devorar a los personajes a medida que la historia avanza.

El vestuario de Pier Paolo Álvaro juega un papel fundamental en la construcción de los personajes. Desde la sofisticación impenetrable de Petra hasta la imagen más desenfadada de Karin, cada detalle refuerza el desequilibrio de poder. Los colores, los cortes de los tejidos, incluso el modo en que los personajes se mueven en la escena, construyen una narrativa visual que complementa el texto con una elegancia inquietante.

 

Un elenco que atraviesa todas las capas del deseo y la humillación

Ana Torrent se enfrenta al reto de interpretar a Petra con una entrega total. Su Petra es altiva, encantadora y, al mismo tiempo, terriblemente frágil. En su descenso hacia la desesperación, Torrent logra transmitir cada matiz del personaje: desde la soberbia inicial hasta la devastación final, donde el amor se convierte en un grito de auxilio que nadie responde.

Aura Garrido encarna a Karin con una precisión demoledora. Su personaje es un enigma, un espejismo de ternura y frialdad. Garrido la interpreta con una sutileza magistral, dejando entrever que Karin no es solo víctima ni verdugo, sino alguien que navega entre ambas posiciones sin nunca revelarnos del todo su verdad.

Julia Monje, como Marlene, es una presencia constante y fascinante. Su silencio es más elocuente que cualquier diálogo. Es el testigo mudo de la historia, la sombra que anticipa la tragedia, el reflejo de la opresión llevada hasta el extremo. Su trabajo en la gestualidad y la contención es clave para sostener la atmósfera de la obra.

Celia Freijeiro, en el papel de Sidonie, aporta una mirada externa que nos permite entender mejor el mundo de Petra. Su interpretación equilibra elegancia y crudeza, mostrando la cara más cínica de quienes observan el derrumbe emocional de otros sin implicarse. María Luisa San José, como Valerie, cierra el reparto con una presencia que aporta solidez y matices al último acto de la obra.

 

La vigencia de Fassbinder: una obra que sigue interrogando al presente

Si bien escrita hace más de 50 años, Las amargas lágrimas de Petra von Kant sigue siendo una obra incómoda y absolutamente contemporánea. Habla de relaciones desiguales, de abuso de poder, de los límites del deseo y de la fragilidad del ego cuando se enfrenta al rechazo. Rakel Camacho consigue que la obra resuene en nuestro tiempo sin necesidad de forzar referencias explícitas: basta con la verdad escénica, la precisión del trabajo actoral y una puesta en escena que deja espacio para que el público complete el vacío con su propia interpretación.

El montaje nos obliga a preguntarnos: ¿qué ocurre cuando el amor se transforma en una transacción de poder? ¿Quién domina realmente en una relación: el que somete o el que acepta ser sometido? ¿Es posible amar sin apropiarse del otro? Fassbinder no ofrece respuestas, solo un espejo implacable donde nos vemos reflejados.

Esta Petra von Kant es, en definitiva, un montaje imprescindible. Una experiencia teatral que no solo rinde homenaje a Fassbinder, sino que lo proyecta con una fuerza renovada. El trabajo de Rakel Camacho y su elenco no deja espacio para la indiferencia. Nos obliga a mirar de frente el abismo del deseo y la crueldad del amor.

Se podrá ver en Nave 10 Matadero de Madrid hasta el 20 de abril de 2025.