VENECIA: El arte de transformarse
Vestirse de otra época en Venecia: dentro de la experiencia que convierte la historia en algo que se puede habitar
Entrevista exclusiva con Leontine y crónica de una transformación en el corazón de la Serenísima

En Venecia, la belleza no se contempla únicamente: se atraviesa. Es una ciudad que parece escrita en clave teatral, donde cada puente sugiere una escena y cada palacio conserva la memoria de una representación antigua. En ese contexto, Venice Dress-Up Experience no se presenta como una simple actividad turística, sino como una invitación a entrar físicamente en ese relato histórico.
En el centro del proyecto está Leontine, creadora y alma de la experiencia, que abre las puertas de su estudio y de su visión en una conversación que ayuda a entender por qué este lugar va mucho más allá del vestuario.
Leontine: “Me enamoré de Venecia… y todo empezó con los vestidos”
—¿Cómo nació la idea de esta experiencia?
“Me enamoré de Venecia”, recuerda Leontine. “Quería quedarme aquí un tiempo, quizá un par de años… y me pregunté qué podía hacer. Entonces vi estos vestidos tan bonitos. Y ahí empezó todo”.
La idea no surge de una estrategia turística, sino de una intuición personal: convertir la estética veneciana en una experiencia vivida.
—¿Qué te hace diferente frente a otras actividades en la ciudad?
“Soy la única que lo hace como experiencia completa. Puedes alquilar vestidos en otros sitios, pero esto es otra cosa. Es una experiencia. Es algo para recordar toda la vida”.
Y añade una frase que resume el espíritu del proyecto:
“Queremos que la gente se sienta como un príncipe o una princesa”.
El vestuario: donde Venecia se vuelve tangible
El corazón de la experiencia está en el vestuario histórico, cuidadosamente seleccionado.
—¿De dónde provienen los trajes?
“Todos vienen del Atelier Nicolao. Es el mejor atelier de la ciudad. Hacen vestuario para ópera, opereta… incluso para películas como Pirates of the Caribbean o Elizabeth”.
Los trajes están inspirados principalmente en los siglos XVII y XVIII, cuando Venecia vivía su máximo esplendor artístico y social.
—¿Qué importancia tienen los detalles?
“Muchísima. Puedes combinar todo: máscaras, plumas, accesorios… cada persona crea su propio estilo”.
El resultado no es un disfraz, sino una construcción estética personalizada que transforma la identidad del visitante durante unas horas.
El proceso: vestirse, transformarse y habitar el personaje
La experiencia comienza de forma casi ritual.
“Primero eliges el vestido, luego te ayudamos a vestirte y a encontrar los accesorios adecuados”, explica Leontine. “Después pasas al estudio fotográfico. Hacemos fotos, las imprimimos… y tienes tiempo para jugar dentro y fuera del espacio de 350 metros cuadrados”.
El estudio no es un set rígido, sino un espacio de exploración.
—¿Qué papel tiene la fotografía?
“Puedes hacer muchas fotos. Las que quieras”.
Pero el énfasis no está en la imagen final, sino en lo que ocurre antes: la transformación.
—¿Qué emoción buscas generar?
“Solo con llevar estos trajes ya tienes una sensación aristocrática”.
Venecia como escenario: la experiencia en góndola
En algunos casos, la experiencia continúa fuera del estudio.
—¿Qué aporta la góndola?
“Volver a los viejos tiempos en los canales es aún más cinematográfico”.
La ciudad deja de ser fondo para convertirse en escenario activo. La sensación de viaje temporal se intensifica entre reflejos de agua y arquitectura histórica.
“Venecia es una ciudad muy romántica”, añade Leontine. “Da igual si estás solo, en pareja o en familia”.
Clientes, historias y momentos inesperados
El perfil de quienes participan es amplio.
“Es muy diverso: todas las edades, nacionalidades… parejas, madres e hijas, amigos, personas solas”.
Entre todas las historias, algunas permanecen especialmente en la memoria del equipo.
“Una vez un cliente hizo una propuesta de matrimonio sin avisar. Cuando vi la caja, me puse a llorar”.
Crónica personal: la experiencia desde dentro
Llegar al estudio es entrar en una especie de transición silenciosa. Venecia queda fuera por un momento, pero su estética permanece en el aire. No hay sensación de espectáculo artificial, sino de acceso a un universo paralelo donde la moda, la historia y el juego se mezclan sin esfuerzo.
El proceso de elección del vestuario es, en sí mismo, una parte esencial de la experiencia. No se trata de probarse un disfraz, sino de descubrir qué versión de la estética veneciana encaja mejor con uno mismo. Los tejidos, los colores y los accesorios no se eligen al azar: se construyen como si cada combinación tuviera un lenguaje propio.
El momento de vestirse marca un punto de inflexión claro. La transformación no es solo visual, sino también postural y mental. La forma de moverse cambia, la percepción del espacio también. El estudio de 350 metros cuadrados deja de ser un entorno físico para convertirse en un escenario donde es fácil dejarse llevar.
Leontine acompaña todo el proceso con una naturalidad que evita cualquier sensación de rigidez. Sus indicaciones no interrumpen la experiencia, sino que la guían. Incluso para quienes no están acostumbrados a ser fotografiados, el ambiente resulta sorprendentemente cómodo.
Las fotografías, aunque presentes, no dominan el momento. Funcionan como una consecuencia natural del juego de identidad que ya está en marcha. No hay prisa, no hay poses forzadas. Solo continuidad.
Lo más interesante ocurre al final, cuando el vestuario se retira y la ciudad vuelve a ocupar su lugar habitual. Algo ha cambiado, aunque no sea evidente a simple vista. Venecia se percibe de otra forma: como si durante un rato se hubiera entendido desde dentro.
No es solo una experiencia estética. Es una forma de entrar en contacto con una idea de la ciudad que normalmente solo se imagina.
Venice Dress-Up Experience no pretende reproducir el Carnaval ni convertirse en una atracción escénica convencional. Su objetivo es más íntimo: permitir que cualquier persona experimente, aunque sea brevemente, la sensación de habitar la Venecia histórica.
Y quizá por eso funciona. Porque no se trata de mirar la ciudad, sino de formar parte de ella.