RPLAY: ‘Resurrection’, cuando soñar se convierte en un acto de resistencia

¿Qué ocurriría si un día dejáramos de soñar? No solo mientras dormimos. ¿Qué pasaría si desapareciera de nosotros esa capacidad de imaginar lo imposible, de recordar de una forma imperfecta, de inventar mundos o de escapar durante unas horas de aquello que llamamos realidad?
Bi Gan parte de una pregunta aparentemente sencilla para construir una de las propuestas cinematográficas más fascinantes, ambiciosas y sensoriales de los últimos años. Resurrection no es una película que parezca especialmente interesada en llevar al espectador de un punto A a un punto B. Tampoco pretende explicarlo todo. Su territorio es otro: el de las imágenes que permanecen en la memoria, los sueños que se confunden con los recuerdos y el propio cine entendido como una máquina capaz de resucitar aquello que parecía perdido.
Ahora, tras su recorrido por festivales, la película llega al formato físico de la mano de Divisa Films en una edición Blu-ray que invita precisamente a lo contrario de aquello a lo que nos ha acostumbrado el consumo audiovisual contemporáneo: detenerse.
Porque hay películas que se ven.
Y hay películas que, después de terminar, continúan proyectándose en nuestra cabeza.
Resurrection pertenece claramente al segundo grupo.
Cuando la humanidad deja de soñar
La premisa de Resurrection nos traslada a un mundo en el que la humanidad ha perdido la capacidad de soñar. Sin embargo, todavía existe una criatura fascinada por esas ilusiones que se están extinguiendo. Un ser que continúa aferrándose a imágenes que nadie más puede ver.
Hasta que aparece una mujer.
Ella posee la extraña capacidad de percibir esas ilusiones y decide penetrar en los sueños de ese misterioso ser para descubrir la verdad que se oculta en su interior.
Pero intentar resumir Resurrection únicamente a partir de su argumento sería quedarse peligrosamente corto.
Bi Gan utiliza esa premisa como una puerta de entrada a un universo mucho más amplio. La película funciona como un viaje a través del tiempo, de la memoria, de los sentidos y, sobre todo, de la propia historia del cine. Su estructura se aleja de la narración convencional para construir una experiencia episódica en la que las imágenes dialogan entre sí como si procedieran de diferentes épocas, géneros y sueños.
No es casualidad.
El propio director explicó durante su paso por la Seminci que la película recorre un determinado ciclo temporal, desde los orígenes del cine hasta el cambio de milenio, y que cada capítulo establece una relación tanto con un género cinematográfico como con los cinco sentidos.
Y ahí se encuentra una de las grandes claves para entrar en Resurrection.
Esta no es una película que simplemente cuente una historia sobre los sueños.
Es una película que intenta hacer que el espectador sueñe a través del cine.
Bi Gan y la difícil tarea de filmar lo invisible
Hablar de Resurrection es hablar inevitablemente de Bi Gan, uno de los cineastas contemporáneos más singulares surgidos del cine chino en las últimas décadas.
Desde Kaili Blues hasta Largo viaje hacia la noche, su filmografía ha demostrado una obsesión constante por conceptos difíciles de atrapar: el tiempo, la memoria, los recuerdos, la percepción y ese territorio fronterizo en el que resulta imposible saber con absoluta certeza dónde termina la realidad y dónde comienza el sueño.
En Resurrection, esas obsesiones alcanzan una escala todavía mayor.
Bi Gan no parece conformarse con construir una película. Construye un espacio.
Uno entra en Resurrection como quien entra en un edificio abandonado sin saber exactamente qué va a encontrar detrás de cada puerta. Una escena puede recordar a los primeros juegos visuales del cine; otra puede acercarse a las sombras del expresionismo; otra adoptar la energía de determinados géneros clásicos; y otra sumergirnos en una experiencia audiovisual que parece diseñada para hacernos perder la noción del tiempo.
La Seminci definió la película como un recorrido caleidoscópico por diferentes momentos de la historia cinematográfica, desde Méliès y los fantasmas del expresionismo alemán hasta ecos del cine asiático de los años noventa.
Pero lo más interesante es que Bi Gan no utiliza estas referencias como una simple colección de homenajes cinéfilos.
No estamos ante un catálogo de «mirad cuánto cine he visto».
Las referencias están integradas en el propio ADN de la película.
Resurrection parece preguntarse qué ocurre con todas esas imágenes cuando las películas terminan. ¿Dónde van los personajes? ¿Qué sucede con los géneros? ¿Desaparecen realmente o continúan viviendo dentro de nuestra memoria?
En cierto modo, la película funciona como una gran sesión espiritista cinematográfica.
Bi Gan invoca fantasmas.
Y esos fantasmas son imágenes.
El cine como máquina de soñar
Existe una idea especialmente poderosa que atraviesa toda la película: el cine y el sueño comparten una misma naturaleza.
Ambos funcionan mediante imágenes.
Ambos alteran nuestra percepción del tiempo.
Ambos son capaces de hacernos experimentar lugares en los que nunca hemos estado.
Y ambos desaparecen en el momento en el que intentamos explicarlos por completo.
Quizá por eso Resurrection resulta tan difícil de encerrar dentro de una única definición. Es drama, ciencia ficción, fantasía, película experimental, homenaje cinéfilo y experiencia sensorial. Pero, al mismo tiempo, ninguna de esas etiquetas termina de contenerla.
La película exige algo que cada vez parece más extraño en el consumo audiovisual actual: entrega.
No es una obra para tener de fondo mientras consultamos el teléfono.
No es una película diseñada para ser consumida a toda velocidad.
Y tampoco parece interesada en facilitar constantemente el camino al espectador.
Bi Gan nos pide que aceptemos la incertidumbre.
Que no intentemos comprender inmediatamente cada imagen.
Que nos dejemos llevar.
En una época en la que muchas películas parecen obsesionadas con explicar cada detalle, Resurrection recupera el placer de no saber.
Y eso puede resultar desconcertante.
Pero también extraordinariamente estimulante.
Una película que cambia de piel
Uno de los mayores atractivos de Resurrection es su capacidad para transformarse.
La película no permanece quieta.
Cambia de tono, de atmósfera, de ritmo y de lenguaje cinematográfico. En algunos momentos parece una obra construida desde la fascinación por los orígenes del cine; en otros se acerca a territorios más cercanos al noir, al cine de género o a determinadas formas del cine asiático contemporáneo.
La sensación es la de asistir a una película que contiene muchas películas.
Pero hay algo que mantiene unidas todas esas piezas: la mirada de Bi Gan.
Su cine continúa siendo reconocible por la importancia que concede al movimiento, a la atmósfera y a la construcción de espacios. La cámara no se limita a registrar lo que sucede. Se mueve como si también estuviera soñando.
Y cuando llega el momento de dejarse llevar por uno de esos movimientos prolongados que ya se han convertido en una de las señas de identidad del director, Resurrection demuestra que Bi Gan sigue siendo uno de los cineastas más interesados en explorar qué puede hacer una cámara cuando se le permite escapar de las estructuras convencionales.
Durante la presentación de la película en Valladolid, el cineasta habló incluso de un plano secuencia de alrededor de cuarenta minutos, explicando que la técnica estaba relacionada con aquello que quería transmitir en el episodio final.
Sin embargo, reducir el valor de la película a sus proezas formales sería cometer un error.
Porque detrás de la técnica existe una emoción.
Y esa es probablemente una de las mayores sorpresas de Resurrection.
Más allá del virtuosismo: una película sobre lo que nos hace humanos
Podría resultar tentador contemplar Resurrection únicamente como un impresionante ejercicio de estilo.
Una película para analizar.
Para buscar referencias.
Para hablar de sus movimientos de cámara.
Pero Bi Gan insiste en otra idea: el cine como juego, sí, pero también como emoción.
Durante su paso por la Seminci, el director resumió su relación con el medio con una frase muy significativa: «El cine, para mí, siempre es un juego». Para él, sin embargo, las formas cinematográficas no son el objetivo final; lo importante son las personas y la emoción.
Y esa idea ayuda a mirar Resurrection desde otra perspectiva.
Porque, detrás de sus sueños, sus saltos temporales y su compleja arquitectura visual, la película parece estar formulando una pregunta profundamente humana.
¿Qué perderíamos si perdiéramos nuestra capacidad de imaginar?
En un momento histórico dominado por la tecnología, los algoritmos y la velocidad, Bi Gan propone una vuelta a los sentidos.
A mirar.
A escuchar.
A sentir.
A recordar.
El director relacionó precisamente la película con la importancia de recuperar aquello que considera más básico y humano frente a nuestra creciente dependencia tecnológica.
Y quizá ahí se encuentra la verdadera dimensión de Resurrection.
Su futuro no es simplemente tecnológico.
Su ciencia ficción no habla únicamente de máquinas.
Habla de nosotros.
De lo que podría ocurrir si un día perdiéramos aquello que nos permite imaginar un mundo diferente.
Shu Qi y Jackson Yee: dos presencias para habitar el sueño
El universo de Resurrection está encabezado por Shu Qi y Jackson Yee, dos intérpretes que encajan especialmente bien en una película donde la presencia física puede resultar tan importante como el diálogo.
Shu Qi posee una capacidad casi hipnótica para habitar la pantalla. Su personaje funciona como una especie de guía dentro de un mundo en constante transformación, una presencia que permite al espectador conservar un vínculo emocional incluso cuando la película se aventura por territorios más abstractos.
Jackson Yee, por su parte, aporta una dimensión diferente a esa criatura que permanece ligada a las ilusiones y a la capacidad de soñar.
También encontramos a Mark Chao y Li Gengxi dentro de un reparto que no busca únicamente construir personajes convencionales, sino habitar los diferentes universos que propone la película.
En Resurrection, los actores no solo interpretan.
En muchas ocasiones, parecen convertirse en parte del paisaje.
Son cuerpos atravesando el tiempo.
Rostros que pertenecen a diferentes sueños.
Personajes que aparecen, desaparecen y reaparecen como sucede con las imágenes que intentamos recordar al despertar.
M83 y el sonido: cuando la película también se escucha
Hablar de Resurrection exclusivamente desde el punto de vista visual sería injusto.
El sonido ocupa un lugar fundamental dentro de la experiencia.
La película cuenta con música de M83, mientras que el diseño sonoro está acreditado a Li Danfeng.
Esto resulta especialmente importante en una obra construida alrededor de los sentidos.
Bi Gan no entiende el sonido como un acompañamiento de la imagen.
En su cine, el sonido puede transformar un espacio, modificar nuestra percepción de una escena o hacer que algo aparentemente cotidiano adquiera una dimensión extraña.
Por eso la llegada de Resurrection al formato doméstico tiene un interés especial.
Esta es una de esas películas en las que merece la pena prestar atención al equipo de sonido, apagar las distracciones y permitir que la banda sonora, los silencios y los efectos formen parte de la experiencia.
Porque en Resurrection no solo vemos un sueño.
También lo escuchamos.
El Blu-ray de ‘Resurrection’ de Divisa Films: una edición pensada para volver al sueño
Y aquí es donde el estreno en formato físico adquiere una importancia que va más allá del simple coleccionismo.
Resurrection es una película que pide una segunda oportunidad.
O una tercera.
Quizá incluso una cuarta.
No porque sea una obra que necesite ser «descifrada» como si existiera una única respuesta correcta, sino porque está llena de detalles, conexiones visuales y sensaciones que pueden adquirir un significado diferente en cada revisionado.
El lanzamiento de Divisa Films permite precisamente recuperar esa experiencia.
Volver a una escena.
Detenerse en una imagen.
Escuchar de nuevo un momento concreto.
Revisitar un sueño que quizá, la primera vez, todavía no sabíamos cómo interpretar.
La edición llega en Blu-ray con funda, con una presentación que encaja especialmente bien con el tipo de película que tenemos entre manos: una obra de vocación claramente cinéfila que encuentra en el soporte físico un espacio natural para permanecer.
La película se presenta en formato 2.39:1 y resolución 1080p, respetando así la importancia de la composición panorámica en una propuesta donde el encuadre y el diseño visual forman parte esencial de la narración. La edición incluye pistas tanto en mandarín como en castellano, con opciones DTS-HD Master Audio 5.1, además de pistas en 2.0, y subtítulos en castellano.
En una película tan dependiente de la experiencia audiovisual, contar con una edición de alta definición y una pista de sonido multicanal es especialmente relevante.
No estamos ante un título cuya fuerza dependa exclusivamente del argumento.
La imagen importa.
El sonido importa.
La atmósfera importa.
Y poder recuperar todo ello en una edición física convierte el Blu-ray en algo más que un soporte.
Lo convierte en una forma de conservar la experiencia.
El verdadero valor añadido: unos extras que amplían el universo de Bi Gan
Uno de los aspectos más interesantes de esta edición es su selección de contenidos adicionales.
Divisa Films incluye:
- Making of.
- Detrás de las cámaras.
- La visión de Bi Gan.
- El cortometraje A Short Story de Bi Gan.
- Entrevista exclusiva de Cinema Excelsior al director durante la Seminci.
- Clips promocionales.
- Galería de imágenes.
- Tráiler.
Y aquí hay un elemento que merece una mención especial: la presencia del cortometraje A Short Story.
Para una película tan ligada a la personalidad de su director, incluir una obra adicional de Bi Gan aporta un valor especialmente interesante para quienes quieran acercarse con mayor profundidad a su universo creativo.
Pero probablemente el extra más atractivo para el público español sea la entrevista realizada durante la Seminci, ya que conecta directamente la edición con el recorrido de Resurrection en nuestro país.
La película tuvo su estreno nacional en la 70ª edición del festival vallisoletano, después de haber obtenido el Premio Especial del Jurado en Cannes.
No se trata, por tanto, de una selección de extras diseñada únicamente para rellenar espacio.
En una obra tan compleja como esta, los contenidos adicionales permiten acercarse al proceso creativo y escuchar directamente la voz de su autor.
Y eso es algo que, en el caso de Resurrection, puede cambiar completamente la experiencia de un segundo visionado.
Una edición para quienes todavía creen en tener películas
Hay algo casi irónico en que una película sobre la pérdida de la capacidad de soñar llegue en un soporte físico en un momento en el que el cine parece cada vez más condenado a desaparecer de nuestras bibliotecas.
Las películas entran y salen de las plataformas.
Los catálogos cambian.
Las versiones se modifican.
Los títulos desaparecen.
Y, en ocasiones, ni siquiera sabemos si una película que hoy tenemos disponible seguirá estando ahí mañana.
El formato físico propone otra relación.
La película está.
Permanece.
Podemos volver a ella cuando queramos.
Y eso tiene un significado especial en el caso de Resurrection.
Porque esta no es una obra pensada para ser devorada una única vez y olvidada después de que aparezcan los créditos.
Es una película que invita a regresar.
A descubrir qué ha cambiado.
Pero también a descubrir qué ha cambiado en nosotros.
‘Resurrection’: una película que no termina cuando acaba
Hay películas que terminan cuando aparecen los créditos.
Resurrection no.
Bi Gan construye una obra que continúa existiendo en la memoria del espectador. Algunas imágenes permanecerán con claridad. Otras se irán transformando con el paso de los días. Quizá incluso haya momentos que, después de un tiempo, recordemos de una forma diferente a como realmente eran.
Como sucede con los sueños.
Y quizá esa sea la mayor victoria de Resurrection.
No intenta que salgamos de ella con todas las respuestas.
Quiere que salgamos con imágenes.
Con sensaciones.
Con preguntas.
Con la sensación de haber atravesado un lugar que no sabemos si realmente existía.
El estreno en Blu-ray de Divisa Films llega así como una oportunidad perfecta para recuperar una de las experiencias cinematográficas más singulares de los últimos años y, sobre todo, para volver a entrar en ella.
Porque hay películas que se consumen.
Hay películas que se coleccionan.
Y luego están aquellas que uno guarda para volver a soñar.
Y Resurrection es, precisamente, una película a la que merece la pena regresar.