MILÁN: Cuando los sentidos dejan de ser fiables

¿Qué ocurre cuando aquello que vemos, tocamos o escuchamos deja de coincidir con lo que nuestro cerebro espera?

Esa es precisamente la pregunta que plantea Museum of Senses Milano, una experiencia interactiva en la que visitar un museo significa mucho más que caminar de una sala a otra. Aquí no hay vitrinas que observar desde la distancia ni obras que debamos contemplar en silencio: hay que tocar, experimentar, equivocarse, probar y, sobre todo, desconfiar de lo que creemos estar percibiendo.

Ubicado en Viale Monte Grappa, en Milán, el espacio reúne más de 30 instalaciones diseñadas alrededor de la percepción y los sentidos. La visita puede realizarse aproximadamente en una o dos horas, aunque el tiempo dependerá bastante de cuánto queramos detenernos en cada experiencia.

Un museo en el que está prohibido quedarse quieto

La principal diferencia respecto a un museo convencional aparece nada más empezar.

Aquí el visitante no es un espectador. Es parte del experimento.

La vista, el oído, el tacto, el equilibrio, el olfato o el gusto se convierten en herramientas para enfrentarse a diferentes desafíos. Y lo interesante es descubrir que nuestros sentidos, pese a ser los encargados de interpretar constantemente el mundo que nos rodea, pueden llevarnos al engaño.

Una imagen puede parecer imposible. Una distancia puede no ser la que creemos. El espacio puede transformarse delante de nosotros.

Y ahí está buena parte de la diversión.

La percepción como protagonista

Entre las diferentes propuestas encontramos experiencias que juegan con la luz, los reflejos, la perspectiva, el equilibrio y la sensación de movimiento.

El laberinto de espejos es uno de esos espacios en los que resulta fácil perder la referencia de dónde termina la realidad y dónde comienza el reflejo. El laberinto láser, por su parte, introduce un componente más de desafío: atravesar el recorrido intentando no activar la alarma mientras cada movimiento exige concentración y precisión.

También hay instalaciones mucho más físicas, como el conocido Pin Wall, donde el cuerpo puede convertirse literalmente en una especie de molde tridimensional.

Y entonces llega una de las experiencias que más llama la atención: el lecho de clavos, compuesto por 1.209 puntas. La propuesta juega con una idea que parece contradictoria: cómo algo que asociamos inmediatamente con el dolor puede experimentarse de una manera completamente diferente cuando se distribuye el peso del cuerpo.

Cuando la física parece equivocarse

Uno de los atractivos del museo es que muchas instalaciones provocan inicialmente una reacción muy sencilla:

“Esto no puede estar pasando”.

El ejemplo perfecto es la experiencia del agua levitando, diseñada para crear la ilusión de que el agua desafía la gravedad.

No se trata simplemente de crear una fotografía llamativa. La gracia está en descubrir cómo diferentes estímulos pueden hacer que nuestro cerebro interprete de manera incorrecta aquello que tiene delante.

Y ese concepto se repite constantemente durante la visita.

No todo entra por los ojos

El recorrido también se aleja de la típica experiencia basada exclusivamente en ilusiones ópticas.

El sonido, el tacto, los aromas, el sabor y el equilibrio tienen su propio espacio dentro del museo. Esto consigue que la visita sea bastante más variada de lo que podría parecer inicialmente.

Uno de los elementos que complementa la experiencia es el SenseKit, incluido actualmente con las entradas adquiridas online. El kit incorpora, entre otros elementos, calcetines para determinadas experiencias táctiles y una pequeña caja relacionada con la zona de sabor.

Es un detalle que ayuda a entender la filosofía del lugar: aquí no basta con mirar.

Un museo especialmente pensado para compartir

Si hay algo que funciona especialmente bien en este tipo de experiencia es hacerlo acompañado.

Muchas de las instalaciones generan una reacción inmediata: sorpresa, risa, desconcierto o incluso pequeñas competiciones entre quienes las están probando.

Por eso resulta especialmente recomendable para una visita con amigos, pareja o familia.

También existe una vertiente educativa. El museo ha desarrollado programas específicos para grupos escolares que relacionan las instalaciones con conceptos de física, biología, percepción y pensamiento crítico. Actualmente dispone incluso de diferentes recorridos adaptados a edades concretas.

De esta manera, lo que podría parecer simplemente un lugar de entretenimiento tiene también una lectura educativa bastante interesante.

Una experiencia diferente dentro de Milán

Milán está inevitablemente asociada a la moda, el diseño, la arquitectura y el arte. Pero precisamente por eso resulta interesante encontrar propuestas que se alejan de los recorridos turísticos más habituales.

Museum of Senses no pretende competir con los grandes museos de la ciudad.

Su objetivo es completamente diferente.

No vienes a contemplar una colección histórica. Vienes a experimentar con tu propia percepción.

Y esa diferencia hace que pueda funcionar especialmente bien como actividad complementaria durante un viaje a Milán, sobre todo cuando se busca hacer algo distinto entre visitas culturales, compras y paseos por la ciudad.

¿Merece la pena?

Si esperas un museo tradicional, probablemente no.

Si buscas una experiencia interactiva en la que puedas participar constantemente, hacer fotografías, enfrentarte a pequeños retos y descubrir que tus propios sentidos pueden engañarte, entonces sí encontramos una propuesta muy interesante.

Además, su duración aproximada de una a dos horas permite incorporarlo fácilmente a un día de turismo sin tener que reservar una jornada completa.

Actualmente abre de lunes a viernes de 10:00 a 20:00 horas y los fines de semana y festivos de 9:00 a 20:00 horas. Las tarifas varían según edad y día de visita, con entrada general actualmente desde 22 € entre semana y 23 € de viernes a domingo y festivos.

Salir del museo mirando el mundo de otra manera

Quizá esa sea la mejor definición de Museum of Senses.

No es un lugar al que acudir únicamente para mirar cosas curiosas. Es una experiencia que consigue que durante un rato cuestionemos algo tan cotidiano que normalmente ni siquiera pensamos en ello: cómo percibimos el mundo.

Porque nuestros sentidos están trabajando constantemente, pero rara vez nos detenemos a pensar hasta qué punto pueden equivocarse.

Aquí tenemos la oportunidad de comprobarlo jugando.

Y cuando finalmente salimos de allí, probablemente seguimos viendo, escuchando y tocando exactamente igual que antes.

La diferencia es que ahora sabemos que no siempre podemos fiarnos de ello.