LIBROS: Una familia que ya no habla el mismo idioma

 

Julia Navarro regresa con Una familia moderna, una novela que se adentra en las relaciones familiares para hablar de algo que nos afecta a todos: lo difícil que puede resultar entender a quienes queremos cuando pertenecen a una generación diferente a la nuestra.

Martha y Thomas han pasado buena parte de su vida construyendo un mundo propio. Ella ha conocido el éxito sobre los escenarios como bailarina; él ha desarrollado una prestigiosa trayectoria ligada al pensamiento y la universidad. Ahora, ya septuagenarios, contemplan cómo las certezas sobre las que edificaron su vida empiezan a tambalearse.

No porque hayan dejado de querer a su familia, sino porque el mundo que rodea a esa familia ya no funciona exactamente con las mismas reglas.

Su hija Felicitas ha escogido un camino muy diferente al que ellos podrían haber imaginado y Penny, su nieta adolescente, lleva todavía más lejos esa ruptura con las convenciones. Entre las tres generaciones se establece así una especie de conversación permanente —a veces explícita y otras mucho más silenciosa— sobre qué significa realmente vivir de acuerdo con las propias decisiones.

Navarro encuentra en ese choque generacional uno de los motores de la novela, pero no plantea una batalla entre quienes tienen razón y quienes están equivocados. Y eso resulta especialmente interesante. Cada personaje mira la realidad desde su propia experiencia, con sus propios miedos y también con sus propias limitaciones.

Porque entender que los tiempos han cambiado no significa necesariamente saber cómo relacionarse con ese cambio.

La novela se detiene especialmente en aquello que ocurre dentro de las familias cuando la comunicación comienza a fallar. Palabras que no llegan a pronunciarse, conversaciones que se posponen, heridas que permanecen abiertas y afectos que, pese a existir, no siempre encuentran la manera adecuada de manifestarse.

Es probablemente uno de los aspectos más reconocibles de Una familia moderna: sus conflictos no necesitan grandes acontecimientos para resultar cercanos. Basta con esa distancia que puede instalarse entre dos personas que se quieren y que, sin embargo, han dejado de hablar el mismo idioma emocional.

Junto a las diferencias generacionales aparece otro tema que adquiere un peso considerable: envejecer.

A través de Martha, Julia Navarro observa qué sucede cuando una mujer que durante años ha estado ligada a la belleza, al movimiento y a los escenarios comienza a enfrentarse a los cambios propios de la edad. El cuerpo deja de responder de la misma manera, la mirada hacia uno mismo cambia y aparece una pregunta especialmente difícil: qué queda de nuestra identidad cuando desaparecen algunas de las cosas que durante años nos definieron.

Es aquí donde la novela adquiere una dimensión que va más allá del ámbito familiar. Vivimos rodeados de mensajes que hablan constantemente de juventud, apariencia, éxito y exposición. En ese contexto, aceptar el paso del tiempo puede convertirse también en una forma de resistencia.

Una familia moderna habla, por tanto, de padres, hijos y nietos, pero también de identidad, de pérdida, de expectativas y de la necesidad de aceptar que las personas que queremos tienen derecho a construir una vida diferente de la que habíamos imaginado para ellas.

Julia Navarro vuelve a poner el foco en las relaciones humanas y lo hace a través de una familia en la que ninguna generación tiene todas las respuestas.

Porque quizá crecer no consiste únicamente en cambiar con el paso de los años. También consiste en aprender a mirar de nuevo a quienes tenemos delante.

Y algunas veces, descubrir que todavía no los conocemos tanto como creíamos.