JROOM: ‘El mortal’, cuando sobrevivir implica sacrificar a tus amigos

En El mortal, la muerte no es el único peligro: también lo son quienes se sientan a tu lado. Este juego de cartas convierte la supervivencia en una competición en la que protegerse a uno mismo es prioritario y cualquier rival puede acabar pagando las consecuencias. Con una estética macabra de aire caricaturesco, efectos variados y partidas de unos veinte minutos, la propuesta de Átomo Games apuesta por la interacción directa y el humor negro.
La premisa es tan sencilla como despiadada: todos quieren seguir con vida, pero solo hay que conseguir que la Muerte se lleve a los demás antes de que llegue nuestro turno. Una idea que invita a desconfiar de los compañeros de mesa y que encuentra su principal atractivo en las decisiones que cada jugador toma para evitar su propia desgracia.
Diseñado por Víctor Hernández e ilustrado por Jonathan Cañamero, El mortal está pensado para partidas de dos a seis jugadores, a partir de los diez años. Su mecánica se aprende con relativa facilidad: cada participante comienza con tres cartas y debe utilizarlas para librarse de amenazas, entorpecer a sus rivales y tratar de mantenerse lejos de la muerte.
En cada turno es obligatorio jugar una carta de la mano y resolver su efecto. Después, se puede terminar el turno o utilizar una segunda carta, siempre que las reglas lo permitan. Finalmente, llega el momento de robar hasta recuperar las tres cartas, salvo que alguna circunstancia modifique esta dinámica.
La amenaza principal está en las cartas de Muerte, que pueden aparecer al robar y quedarse sobre la mesa. Cuando un jugador acumula tres, la partida termina y gana quien tenga menos cartas de Muerte delante. Si hay empate, los implicados continúan jugando hasta que se determine un vencedor.
Esta condición mantiene la tensión durante toda la partida. No basta con intentar perjudicar al resto: también hay que valorar cuándo conviene utilizar una carta, qué efectos pueden volverse en nuestra contra y cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir al robar del mazo. La fortuna tiene su papel, pero administrar bien las posibilidades de la mano resulta fundamental para no terminar siendo la víctima de la ronda.
Uno de los puntos más interesantes de El mortal es la variedad de situaciones que generan sus cartas. El juego no se limita a acumular amenazas, sino que propone diferentes maneras de intervenir en la partida, desde protegerse de determinados efectos hasta perjudicar directamente a otros participantes.
Entre sus cartas encontramos nombres tan sugerentes como Puñalada, Congelación, Hipnotizar, Guadaña o Nigromancia. También hay opciones más defensivas, como Escudo humano o Paz, y cartas que permiten alterar el curso de las jugadas, como ¡NO!, que puede utilizarse para contrarrestar determinados efectos.
Otras introducen reglas particulares que obligan a cambiar de estrategia. Gemelas, por ejemplo, restringe las cartas que puede jugar un participante mientras permanezca activa; Estilo diógenes permite intervenir en la mano de otro jugador durante la fase de robo, y Ladrón ofrece la posibilidad de robar una carta al azar de quien se elija. Cada efecto plantea una pequeña decisión y abre la puerta a situaciones en las que un jugador aparentemente bien situado puede encontrarse en apuros de un turno a otro.
Esta variedad favorece la interacción y hace que prestar atención a lo que sucede alrededor sea tan importante como conocer las propias cartas. Conviene, eso sí, familiarizarse con sus efectos durante las primeras partidas: algunas interacciones requieren consultar las instrucciones para resolver correctamente las situaciones más específicas.
El apartado visual acompaña con acierto la temática. Las ilustraciones de Jonathan Cañamero presentan personajes caricaturescos, esqueletos, figuras encapuchadas y una Muerte de aspecto siniestro, todo ello enmarcado por una ambientación sombría. La propuesta evita el realismo y opta por un estilo que combina lo macabro con un tono desenfadado.
Las cartas cuentan con personalidad propia y sus ilustraciones ayudan a identificar el carácter de cada efecto. El contraste entre la ambientación oscura y los personajes de aspecto casi infantil encaja con la naturaleza del juego: aquí la muerte es una amenaza constante, pero también el punto de partida para situaciones absurdas y enfrentamientos entre amigos.
La caja mantiene esa misma identidad visual y presenta al personaje de la Muerte como figura central. Es una presentación coherente con la propuesta, que deja claro desde el primer momento el tipo de experiencia que ofrece.
Con una duración aproximada de veinte minutos, El mortal encaja bien en reuniones con amigos, encuentros de parejas o sesiones de juegos en las que apetezca alternar distintas propuestas sin dedicar demasiado tiempo a cada una. Su formato permite encadenar partidas y comprobar cómo cambia el resultado según las cartas que aparezcan y las decisiones de los participantes.
Su principal virtud es la combinación de reglas accesibles e interacción constante. Las cartas permiten atacar, defenderse y alterar los planes ajenos, por lo que la partida no depende únicamente de esperar a que la suerte decida el resultado. También exige observar la situación de los demás y elegir con cuidado cuándo gastar una carta útil.
No pretende ofrecer una experiencia estratégica de gran profundidad ni desarrollar una historia compleja. Su objetivo es más directo: poner a los jugadores en una situación comprometida y dejar que las cartas hagan el resto. Quienes disfruten de los juegos con ataques entre participantes, cambios de rumbo y una buena dosis de rivalidad encontrarán aquí una propuesta adecuada para animar una reunión.
El mortal convierte una premisa sencilla en una competición de supervivencia donde la suerte, la gestión de la mano y la interacción entre jugadores determinan quién consigue escapar de la última visita de la Muerte. Su variedad de cartas, su estética macabra de carácter caricaturesco y sus partidas breves lo convierten en una opción interesante para quienes buscan un juego de cartas accesible y con enfrentamiento directo.
Su curva de aprendizaje es asequible, aunque conocer los efectos de las cartas y sus excepciones ayudará a que las primeras partidas fluyan mejor. Una vez dominadas las reglas, la gracia está en decidir a quién perjudicar, cuándo protegerse y cómo evitar que una mala jugada termine convirtiéndonos en el siguiente objetivo.
Porque en El mortal la amistad tiene un límite: el momento en que la Muerte aparece sobre la mesa y alguien tiene que ocupar su lugar.