MUSICAL: ‘Pegados’ conquista Madrid con humor, música y mucho talento
Hay historias que parten de una situación tan insólita que resulta difícil imaginar cómo pueden sostenerse durante toda una función. Pegados demuestra que, cuando detrás hay una buena construcción teatral, una partitura con personalidad y un reparto a la altura, cualquier premisa puede convertirse en una experiencia escénica de lo más disfrutable. Quince años después de su anterior paso por Madrid, este musical regresa al Gran Teatro Pavón con una nueva producción que recupera un título muy querido por los aficionados al género y que vuelve a demostrar por qué ha conseguido mantenerse en el recuerdo del público.
Para quienes tuvimos ocasión de descubrirlo durante su primera etapa en Barcelona o Madrid, allá por 2010, reencontrarse con Pegados tiene un componente especial. No se trata únicamente de volver a escuchar unas canciones conocidas o recuperar una historia que ya forma parte de nuestra memoria teatral. Es también la oportunidad de comprobar cómo una propuesta concebida hace más de una década sigue funcionando y conserva una frescura que no depende exclusivamente de la nostalgia. Esta nueva versión aporta otra energía a la obra y encuentra en sus protagonistas uno de sus mayores aciertos.
La historia nos presenta a dos desconocidos que, después de conocerse en una discoteca y terminar juntos en el baño, se encuentran ante un problema tan inesperado como comprometido: no pueden separarse. Obligados a esperar asistencia médica, ambos tendrán que afrontar una situación que pone a prueba su paciencia y que convierte un encuentro aparentemente casual en una convivencia forzosa. A partir de esta premisa, la obra desarrolla una comedia que juega con la incomodidad, los equívocos y las contradicciones de las relaciones humanas.
El planteamiento podría parecer sencillo, pero precisamente ahí reside parte de su inteligencia teatral. Los autores, Ferrán González y Alícia Serrat, construyen una historia que aprovecha las posibilidades cómicas de su situación inicial sin quedarse atrapada en ella. El humor nace de los diálogos, de las diferencias entre los personajes y de las circunstancias que van apareciendo, pero también de reconocer comportamientos y actitudes que resultan sorprendentemente familiares. Bajo su apariencia desenfadada hay espacio para hablar de expectativas sentimentales, inseguridades, intimidad y de esa dificultad que a veces supone entenderse con otra persona.
La dramaturgia sabe jugar con los cambios de tono y encuentra en la combinación de comedia y música una herramienta para desarrollar la historia. Uno de los aspectos más interesantes es cómo las canciones forman parte del relato y no se perciben como elementos aislados que detienen la acción. Cada número contribuye a ampliar el universo de los personajes y a trasladar al lenguaje musical aquello que sucede entre ellos. Esta integración resulta fundamental para que Pegados mantenga su identidad como musical y no se limite a ser una comedia convencional acompañada de canciones.
La música es, de hecho, uno de los grandes atractivos de esta producción. La composición original de Ferrán González y Joan Miquel Pérez aporta personalidad al espectáculo y encuentra en la interpretación en directo una dimensión especialmente disfrutable. La partitura acompaña los diferentes registros de la historia, alternando momentos de mayor comicidad con otros en los que los personajes muestran una faceta más vulnerable. La dirección musical de Joan Miquel Pérez permite mantener esa conexión entre la narración y las canciones, algo imprescindible en una obra donde ambas disciplinas deben avanzar de manera conjunta.
Y si hay algo que merece destacarse especialmente es el nivel vocal del reparto. Las voces son sencillamente increíbles y constituyen uno de los grandes motivos para disfrutar de esta nueva etapa del musical. No es solamente una cuestión de potencia o calidad vocal, sino de la capacidad para interpretar las canciones sin perder la esencia de los personajes. El canto está integrado en la actuación y eso permite que los números musicales mantengan su sentido dentro de la historia. El resultado es uno de los apartados más sobresalientes de la función.
Lucía Gil e Iker Montero forman una pareja protagonista cuya química escénica es espectacular. Su conexión es inmediata y se convierte en uno de los grandes motores de la representación. Ambos consiguen que la relación entre La Chica y El Chico resulte natural, con una complicidad que funciona tanto en los intercambios cómicos como en los momentos musicales. Hay entendimiento, ritmo y una capacidad de respuesta que hace que sus escenas compartidas tengan una energía especial. En una obra que depende tanto de la relación entre sus dos protagonistas, encontrar una pareja con semejante conexión supone una ventaja enorme para el conjunto.
Lucía Gil demuestra una vez más su versatilidad como actriz y cantante. Su interpretación combina expresividad, naturalidad y un magnífico trabajo vocal, desenvolviéndose con soltura en las diferentes situaciones que plantea el personaje. Su voz aporta una enorme personalidad a los números musicales y permite apreciar una faceta artística que encaja especialmente bien con las exigencias de la producción. Su trabajo no se limita a defender las canciones: consigue mantener vivo al personaje también en los momentos puramente teatrales.
A su lado, Iker Montero ofrece un trabajo igualmente destacable. Su presencia escénica y su capacidad para conectar con Lucía son fundamentales para el funcionamiento de la pareja. Ambos encuentran un equilibrio que favorece tanto el desarrollo de la comedia como el de la parte musical. La naturalidad con la que se relacionan y la complicidad que transmiten hacen que resulte especialmente fácil entrar en la historia. Es una de esas combinaciones interpretativas que elevan el resultado global y dejan ganas de seguir viendo a sus protagonistas sobre el escenario.
Patricia Serradell completa el reparto como La Enfermera, incorporando una figura que modifica la dinámica entre los protagonistas y abre nuevas posibilidades dentro de la trama. Su presencia resulta importante para ampliar el juego teatral y evitar que la historia quede limitada a la relación entre los dos personajes principales. La actriz cuenta además con experiencia en producciones como Ghost, Sister Act y Charlie y la fábrica de chocolate, dentro de una trayectoria vinculada al teatro musical.
Mención especial merece también Raúl Gama, cuya participación va mucho más allá de acompañar musicalmente la función. Su presencia al piano forma parte de la identidad del espectáculo y aporta ese componente de música en directo que tanto valor tiene en una producción de estas características. Pianista, compositor y director musical, su experiencia en títulos como Matilda, Avenue Q o Grease se suma a una trayectoria que respalda su participación en un montaje donde la música ocupa un lugar central. La relación entre el músico y lo que sucede en escena contribuye a que la parte sonora se perciba como un elemento vivo de la representación.
En el apartado escénico, la dirección de Gabriel Olivares apuesta por una propuesta que entiende que el principal atractivo de la obra está en sus personajes y en la situación que comparten. La historia no necesita grandes cambios de localización para mantener el interés, sino una utilización eficaz del espacio y una buena coordinación de los elementos teatrales. La escenografía de Studio Pizarro, el vestuario de Miguel Ángel Milán y el diseño de iluminación de Carlos Alzueta forman parte de un conjunto que acompaña la acción y contribuye a construir el particular ambiente del espectáculo. También merece consideración el trabajo coreográfico de Julián Lazzaro, integrado en una producción donde la interpretación musical y el movimiento deben convivir con naturalidad.
La dirección de Olivares encuentra en el texto un material que exige precisión en los tiempos cómicos y una buena coordinación entre los intérpretes. En una comedia de estas características, el ritmo es determinante: una réplica que se prolonga más de lo necesario o una transición poco ajustada pueden alterar el efecto de una situación. El montaje consigue mantener la atención y aprovechar las posibilidades de su planteamiento, apoyándose en el trabajo del reparto y en una estructura que alterna diálogo, interpretación y música sin perder de vista el hilo narrativo.
El regreso de Pegados tiene también una dimensión importante dentro de la historia reciente del teatro musical español. Desde su estreno en Barcelona en febrero de 2010, la obra ha desarrollado un recorrido poco habitual para una producción de estas características. Ha superado las 440 representaciones en España durante su primera etapa, ha contado con diferentes adaptaciones internacionales y ha llegado a nueve países. A ello se suman los tres Premis Butaca y los dos Premios Max obtenidos en España, reconocimientos que distinguieron tanto el espectáculo como su composición musical y su dirección musical. Su recorrido internacional demuestra que el humor y las situaciones que plantea no dependen de un contexto cultural concreto para conectar con el público.
También es importante recordar el papel de sus creadores. Ferrán González y Alícia Serrat construyeron una propuesta que supo encontrar un espacio propio dentro del panorama musical, alejándose de las grandes producciones para apostar por una historia de dimensiones más reducidas, pero con una identidad muy definida. La música original, desarrollada junto a Joan Miquel Pérez, terminó de dar forma a un espectáculo que ha conseguido mantener su reconocimiento a lo largo de los años.
Para quienes ya disfrutamos de Pegados en su anterior etapa, volver a encontrarnos con él supone recuperar una parte de nuestra propia experiencia como espectadores. Sin embargo, lo más satisfactorio de esta nueva producción es comprobar que no vive únicamente de lo que fue. Tiene argumentos propios para defender su regreso, empezando por una pareja protagonista con una química extraordinaria y unas voces que elevan notablemente el resultado musical. La renovación del reparto permite acercarse de nuevo a la obra desde otra perspectiva y demuestra que sus personajes todavía tienen mucho recorrido sobre el escenario.
Pegados es una comedia musical que entiende sus fortalezas y sabe aprovecharlas. Su combinación de dramaturgia, humor, canciones en directo y trabajo interpretativo construye una función entretenida, dinámica y con una personalidad reconocible. No necesita recurrir a grandes artificios para conseguir que el público entre en su historia, porque su principal valor está en la calidad de lo que sucede sobre el escenario. El trabajo vocal, la complicidad de sus protagonistas y la integración de la música convierten esta nueva producción en una propuesta especialmente recomendable.
Después de su anterior paso por Madrid, su regreso al Gran Teatro Pavón es una magnífica noticia para la cartelera teatral. Un reencuentro que funciona tanto para quienes ya conocían el musical como para quienes se acercan a él por primera vez. Porque hay historias que merecen volver a contarse y, cuando lo hacen con tanto talento y una música que invita a disfrutarlas de nuevo, siempre encuentran su sitio.
Información y entradas
Pegados se representa en el Gran Teatro Pavón (Calle de Embajadores, 9, Madrid). El espectáculo está recomendado para mayores de 16 años.
Las entradas están disponibles en la taquilla oficial del teatro y a través de los canales de venta autorizados.
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Más información: pegados.es
