LONDRES: ‘Frameless London’ cuando el arte deja de colgarse en la pared y empieza a rodearte

Londres nunca deja de reinventar su relación con el arte. En una ciudad donde conviven museos centenarios con propuestas vanguardistas, hay experiencias que consiguen romper el molde por completo. Una de ellas es Frameless, un espacio inmersivo que propone algo radical: olvidar el marco, abandonar la contemplación pasiva y entrar, literalmente, dentro de las obras maestras.

Ubicado a pocos pasos de Marble Arch, en pleno West End, Frameless no es una galería convencional ni una exposición temporal al uso. Es una experiencia sensorial permanente donde la tecnología digital se convierte en el nuevo lienzo.

Nada más cruzar la entrada, la lógica museística tradicional desaparece. Aquí no hay cuadros colgados ni cartelas discretas en la pared. Las obras se expanden, se transforman y cobran movimiento sobre superficies gigantes que cubren suelos y muros completos. La música acompaña cada sala, creando una atmósfera que envuelve y dirige la experiencia.

A lo largo del recorrido, el visitante transita por cuatro galerías temáticas que reinterpretan a algunos de los grandes nombres de la historia del arte. Las pinceladas vibrantes de Vincent van Gogh se despliegan en un torbellino de color; los paisajes etéreos de Claude Monet flotan en un juego de luces y reflejos; las formas imposibles de Salvador Dalí se animan con una teatralidad casi onírica; mientras que el oro hipnótico de Gustav Klimt envuelve el espacio con una intensidad magnética.

No se trata de sustituir el original ni de competir con el museo tradicional. Frameless juega en otra liga: la de la reinterpretación digital. Es una puesta en escena que amplifica emociones, que dramatiza el gesto artístico y lo convierte en experiencia física.

Proyecciones de alta definición, sonido envolvente y una coreografía visual milimétricamente diseñada construyen una narrativa que se siente casi cinematográfica. En algunos momentos, el visitante deja de ser espectador para convertirse en parte del espectáculo, interactuando con la luz o simplemente integrándose en el paisaje proyectado.

El resultado es una experiencia especialmente atractiva para nuevas generaciones y para quienes buscan una forma distinta de acercarse al arte. Es accesible, inmersiva y profundamente visual, pero también despierta la curiosidad por volver a las obras originales con una mirada renovada.

En nuestro recorrido por la ciudad, acostumbrados a iconos históricos y museos clásicos, Frameless fue una pausa contemporánea. Una demostración de cómo Londres sigue liderando la conversación cultural desde ángulos inesperados.

Salir de allí no se parece a salir de una pinacoteca tradicional. No hay silencio solemne ni pasos contenidos. Hay conversación, sorpresa y una sensación compartida de haber vivido algo más cercano a una performance que a una simple exposición.

Frameless confirma que el arte no tiene por qué quedarse quieto. Puede moverse, expandirse, vibrar y envolvernos. Y en una ciudad como Londres, donde lo clásico y lo experimental conviven con naturalidad, propuestas como esta no solo encajan: marcan tendencia.