ENTREVISTA: Ana Merino. Llevando La Redención del papel al escenario

Tras casi tres décadas fuera de España, Ana Merino regresa al teatro con La Redención, un texto publicado en 2013 que ahora cobra vida sobre el escenario en un montaje que ella misma escribe, dirige y produce. Ambientada en un futuro cercano marcado por los restos de nuestro presente, la obra plantea una distopía profundamente humana donde la culpa, la responsabilidad y la esperanza atraviesan a los personajes. En esta entrevista, Ana Merino habla del impulso de llevar el texto a escena, del desafío de levantar un proyecto independiente y del teatro como espacio vivo desde el que imaginar —y cuestionar— el futuro.

 

 

La Redención nació primero como libro y ahora llega al escenario. ¿En qué momento sentiste que este texto necesitaba una segunda vida teatral y qué fue lo que más te urgía contar desde la escena?

Siempre fue escrita como obra de teatro, tuve la suerte de que la editorial Reino de Cordelia la publicara en 2013 porque les gustó mucho el texto, y ellos publican teatro. Pero, sentía que hasta que no la pusiera en escena no estaba terminada. Me encanta el teatro como arte vivo de comunión directa con el público y al volver a España, después de 29 años, y sentir que esta obra contaba cosas importantes, me lancé de lleno a montarla.

 

Esta adaptación es especialmente singular porque asumes no solo la escritura, sino también la dirección y la producción. ¿Qué te ha supuesto, a nivel personal y creativo, acompañar tu propio texto en todo el proceso?

Es el mismo texto, aunque hay un proceso de condensación y ajuste. He añadido un par de escenas que refuerzan la trama y he trabajado en el ritmo para que se desarrolle en el escenario en hora y media. El esfuerzo ha sido inmenso porque producir a pulso y dirigir es algo muy complejo. Sin embargo, me he rodeado de un equipo extraordinario, Antonio Álamo, con sesenta obras a sus espaldas me ayudó con los ajustes de la dramaturgia y el trabajo actoral; Paloma Díaz, que es una bailarina maravillosa con las coreografías; Alexa Portillo con la asistencia en dirección y la producción ejecutiva. Es decir, en el proceso uno va creciendo mientras se rodea con un equipo extraordinario. La música es de Miguel Linares y el videoarte escenográfico de Beatriz Ruibal, mi propio proceso creativo estaba en constante diálogo y reflexión para que todas las piezas se ajustaran y respiraran alrededor de los actores. 

 

 

Ambientas la obra en un futuro cercano, reconocible, casi incómodamente plausible. ¿Escribiste desde el miedo, desde la advertencia o desde la necesidad de imaginar una salida?

Soy una vitalista, luego la obra se construye desde la necesidad de anhelar un futuro mejor, pero soy consciente de lo importante que es advertir. Hacer reflexionar a la audiencia sobre el futuro como una realidad viva con seres humanos que sienten y definen su propio presente.

 

 

La planta de residuos junto a un mar contaminado funciona casi como un personaje más. ¿Qué simboliza este espacio de exilio para ti y qué diálogo establece con el presente que habitamos?

Este espacio, la planta de residuos evoca la construcción de la responsabilidad, un futuro con personas que enfrentarán el caos del pasado. ¿Cómo van a gestionar nuestros desperdicios? Los personajes interpelan a la audiencia para que entiendan lo difícil que puede ser para nuestros descendientes gestionar nuestra basura.

 

En La Redención la distopía no es tecnológica, sino profundamente humana. ¿Te interesaba huir de los grandes artefactos del género para centrarte en la fragilidad moral y emocional de los personajes?

Somos humanos, y el futuro será la vida de los que vengan detrás de nosotros. Las tecnologías, al final son muy frágiles, una guerra, una situación climatológica extrema, puede destruir las infraestructuras que las sostienen. Los humanos enfrentan un futuro catastrófico pero su resiliencia y su capacidad para imaginar una salvación posible alimentan la trama de esta obra.

 

Culpa, responsabilidad y esperanza atraviesan toda la obra. ¿Crees que hoy tendemos más a señalar culpables que a asumir responsabilidades colectivas?

Si miramos la dinámica de las redes, tienden más a señalar culpables y hacer ruido, pero no se buscan tantas soluciones colectivas, que son la verdadera forma de encauzar los problemas. Lo inmediato fagocita las posibilidades de la reflexión y el diálogo.

 

Hablas de la esperanza como “último acto de resistencia”. En un mundo que parece haber llegado a un punto sin retorno, ¿qué forma adopta esa esperanza en tus personajes?

El personaje de Isabel cree en fuerzas extraterrestres dispuestas a venir a la tierra a salvarles.  Para Rodrigo es en el amor en donde germina su esperanza. Ada piensa en el pasado y en lo que se ha perdido, pero trata de hacer bien su trabajo en el presente, de ayudar a limpiar el caos. Hay en mis personajes formas de enfrentar esa dura realidad, y seguir vivom luchando por mejorar, es algo esperanzador.

 

El cuerpo del actor ocupa un lugar central en la puesta en escena, casi como el último territorio vivo. ¿Cómo trabajaste con el elenco esta dimensión física y emocional del texto?

Aquí me ayudaron mucho las coreografías de Paloma Díaz y la experiencia de Antonio Álamo cuidando del movimiento y limpiando las escenas de entradas y salidas. Estaba el texto combinando minuciosamente cada movimiento. Fue un esfuerzo de todos que funciona muy bien.

 

El reparto combina intérpretes con trayectorias muy diversas. ¿Qué buscabas en ellos y cómo ha sido el proceso de construir una historia coral tan intensa?

Yo creo que han disfrutado mucho interiorizando sus personajes. El teatro coral genera dinámicas colectivas que van creciendo. Ojalá puedan girar mucho para que la historia crezca con ellos. Es un grupo de perfiles variados que le dan texturas muy interesantes a la interpretación conjunta.

 

Este es un proyecto independiente, levantado sin grandes apoyos institucionales. ¿Ha sido una decisión ideológica, una necesidad o ambas cosas a la vez?

No he tenido apoyos institucionales, por ahora he todo he tirado de mis ahorros, pero he tenido colaboraciones que han sido de gran ayuda como la de NORMMAL, una agencia de comunicación medioambiental que me asesoró con el tema de la sostenibilidad y me ayudó con el diseño del dossier, y las firmas de ropa y calzado sostenible: Elisamuresan, Tiralahilacha, y Nae Vegan Shoes. Ahora lo ideal sería encontrar teatros y programadores que apuesten por esta obra.

 

Vienes de una trayectoria literaria muy consolidada y reconocida. ¿Qué te ofrece el teatro —y en concreto este montaje— que no te ofrece la escritura en soledad?

El teatro se construye en equipo, cada parte le da un sentido a la experiencia. Es dinámico y te exige una entrega total en un tiempo determinado de montaje. He sentido vértigo, pero también la energía comprometida de todo el grupo.

 

En tu obra siempre hay un diálogo entre lo íntimo y lo social. ¿Crees que el teatro, hoy, sigue siendo un espacio necesario para pensar colectivamente el mundo que estamos construyendo?

El teatro es una experiencia colectiva viva y necesaria. El impacto que tiene en los espectadores deja un rastro especial. Me gustaría creer que combina pulsión literaria con compromiso vital. En este caso la historia nos sumerge en reflexiones comprometidas con el futuro y nuestros propios descendientes.

 

Has dicho que ojalá tus personajes solo tengan que existir en el escenario y no en nuestro futuro. Si La Redención funcionara como una advertencia, ¿qué te gustaría que el espectador se llevara consigo al salir del teatro?

Emoción por la fuerza de los actores, pero también compromiso por lo que cuentan. Que la experiencia les ayude a reflexionar y conversar sobre el futuro y nuestros descendientes, y lo que estos se van a encontrar.

 

Después de este estreno, tan personal y tan valiente, ¿sientes que se abre una nueva etapa en tu relación con el teatro?

Sí, creo que me asomo a una etapa muy sugerente en el que el teatro marca una de mis vertientes creativas, y voy a seguir luchando para montar mis obras. Me apasiona todo el proceso, el teatro como arte viva, como espacio genuino que emociona a los espectadores.