CRÍTICA: Rutinaria sea la risa con ‘Guillem Albà & La Marabunta’

Hablamos del espectáculo: ‘Guillem Albà & La Marabunta’, que estuvo el 1 y 2 de Abril en el Teatro la Latina de Madrid

por Nela Linares


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“Marabunta” es locura, es descontrol con clase, no querer despeinarse y acabar perdiendo los pantalones. Pero con una sonrisa en la cara.

“Marabunta” es el nuevo trabajo de Guillem Albà  & La Marabunta. Espectáculo con el que Guillem Albà lleva dos años de gira y que han visto más de 50.000 espectadores en las 150 actuaciones que han realizado.

Este es un espectáculo de clown, enérgico y energético, catapultado por la mejor música en directo con canciones propias, gags absurdos, cabaret… y sobre el escenario la locura experta de un joven clown a punto de explotar: Guillem Albà.

Varios han sido los premios del público que La Marabunta ha recibido: Mostra Santa Eugenia (2014), Fira Titelles Lleida (2014) y La Mostra Igualda (2015).

 

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“Hacemos música y hacemos el payaso”. Guillem Albá no defraudó. Pronunciando tal juicio a su espectáculo concluía entre aplausos tras hora y media llenando el Teatro de La Latina de risas, ritmo jazzero y buen rollo. Ese era su objetivo; conectar a la gente, conectar con el mundo y desconectarnos de la vida rutinaria.

 

Rutinaria sea la risa

Reír, base fundamental para hacerse con el público. Guillem juega con gags canallas, clown desenfadado y un fondo de armario a su favor. Tras él La Marabunta, al frente de los relevos, abriendo, cerrando y confeccionando cada número, ofreciendo más que música un sexteto unísono de metales, percusión y base. De rojo y albero, el conjunto de músicos se hacía con el escenario, pendiente en todo momento a un capitán que no dejaba de salirse del guión para recrearse de lleno con el público.

 

Público de oro

Si de algo podemos estar seguros es que el show fue agraciado por un público espontáneo, atento y participativo. Tanto fue así que la fina línea entre lo guionizado y la improvisación tendía a desaparecer; más de un espectador se animó a retar al showman,  que sin dudar de su capacidad de interactuación no dijo ‘no’ a ninguna de las voces que hacían de cada número un mimetismo perfecto entre Guillem y el patio de butacas . Y así voló pizza por las gradas de La Latina, pelotas de playa, galletas maría, Ruffles por el suelo… y por el aire libertad. Suyo era el teatro.

 

Teatro para conectar

Y es que Guillem no nos hizo reír en balde. Obligó a agarrarnos fuerte del de al lado, así fuese nuestra madre o un auténtico desconocido. Daba igual; habíamos coincidido en el espacio, estábamos allí para dejarnos llevar y a la cuenta de tres nos concedió el don del albedrío,  de hacer lo que en gana nos viniese; un festivo público se arrancaba del asiento para bailar, saltar, abrazar, gritar…. Nuestro era el teatro. Una marabunta.

 

El broche de oro para cerrar el que fue el espectáculo del carismático artista y su séquito de versátiles músicos fue deleitarnos con una canción que, cargado de un “gracias por venir”, nos hacía comprender lo bonito, desafiante y gratificante, entre vitoreos,  aplausos y miradas de gratitud, que es el ser bufón. Y es que en ‘su guerra sólo se disparan cañones de risa’. Sin duda, su estreno en la capital fue una batalla ganada.

 

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