CRÍTICA: ‘Dos más Dos’ son 4, no 5

 

Dos más dos se nos presenta en el Teatro Lara de la mano de las actrices, Kira Miró y Natalia Verbeke, y los actores, Antonio Hortelano y Álex Barahona. Solo con ver el cartel, la obra se sitúa fácilmente en nuestra mente como una comedia apoyada en caras conocidas que nos levantará fácilmente la risa.

 

Nuestras expectativas se cumplen desde el comienzo de la obra, vemos a las protagonistas pseudodisfrazadas y con acento argentino, introduciendo al público a el estilo que acompañará la función. Todo avanza entre risas del público y pronto germina el conflicto, “¡Nuestros mejores amigos son swingers!”. Sin destripar la trama, el tema es tratado de una manera muy liberal, presentado al personaje más negativo ante él como el que frena a los demás y los mantiene en la infelicidad. Este personaje es interpretado por Antonio Hortelano, el cual está sublime en su papel, comprendiendo perfectamente el timing del show y llevando la voz cantante en todo momento. El gran peso de la comedia está en él.

 

Vemos como el elenco está cada vez más fresco con la comedia a medida que van entrando en calor, pero a su vez el texto puede resultar repetitivo, alargando un momento que todo el patio sabe que va a suceder. Aún así nos reiremos, pero si queremos predecir los gags, podremos predecir algunos poniendo un poco de atención. Podemos llegar a sentir que se da vueltas sobre lo mismo.

 

Nada de esto impide que la comedia cumpla su objetivo, que nos riamos y mucho. El punto de vista del mundo swinger es liberal, aunque a sus practicantes (cuando no son los protagonistas) se les muestre excéntricos y raros, resultando esto muy convencional. Continuamos entre carcajadas, el momento esperado llega, y los personajes consiguen sus objetivos, el final feliz. La obra cumple, y se consagra como lo que es, una comedia de puro entretenimiento, que no tiene un mensaje más allá, porque no lo necesita. Realiza su función y de manera destacable.

 

La incomodidad para mí llega, cuando casi levantándonos para aplaudir, tratando de darle otra vuelta al show, se nos plantea una nueva situación (girando el timón hacia el drama) y se retrocede a una opinión mucho más austera sobre el tema en cuestión. Los actores no están en la atmósfera, el público no está en la atmósfera, el estilo no está en la atmosfera, y tenemos quince minutos más de obra, innecesarios, para acabar llegando a un final menos brillante que el que la obra ya había tenido y a una conclusión mucho más difusa y menos arriesgada.

 

Evidentemente no podemos decir “este modo de vivir es maravilloso”, pero tampoco dejarlo cual capricho con frases como “esto siempre sale mal”.