MUSICAL: Cuando las villanas toman el escenario y cuentan su propia historia

 

BRODWEI lleva al Teatro Arlequín Gran Vía de Madrid un musical que pone a cuatro de las grandes villanas de los cuentos en el centro de la escena y les concede algo que pocas veces han tenido: la oportunidad de contar su propia versión de la historia.

Hay personajes que todos reconocemos antes incluso de que pronuncien una palabra. Sabemos quiénes son, qué papel han desempeñado en sus historias y, sobre todo, desde qué perspectiva nos han contado siempre sus aventuras.

Pero ¿qué ocurre cuando dejamos de mirar a esas villanas desde el punto de vista de quienes protagonizaban sus cuentos y les damos la oportunidad de tomar la palabra?

Esa es una de las propuestas más interesantes de Villanas, el musical de la compañía BRODWEI, escrito y dirigido por Carlos Báez, que actualmente puede disfrutarse en el Teatro Arlequín Gran Vía de Madrid.

Maléfica, Úrsula, la Reina Malvada y la Madrastra se encuentran en un mismo universo y, a partir de ahí, comienza un espectáculo que combina interpretación, música y comedia para ofrecer una nueva mirada sobre unos personajes que forman parte del imaginario colectivo.

No se trata simplemente de recuperar cuatro figuras conocidas y ponerlas juntas sobre un escenario. La propuesta juega precisamente con aquello que el público cree saber de ellas y utiliza esa familiaridad como punto de partida para construir una historia propia.

Y ahí encontramos uno de los grandes atractivos del espectáculo: las villanas dejan de ser personajes secundarios para convertirse en las protagonistas absolutas.

 

Un musical donde las canciones cuentan tanto como los personajes

Uno de los aspectos que más nos ha gustado de Villanas es la importancia que adquiere la música dentro de la propuesta.

Las canciones no funcionan como un elemento independiente que aparece para detener la acción, sino que forman parte del propio desarrollo de los personajes. Cada número permite conocer un poco más a estas cuatro protagonistas y descubrir nuevas facetas de ellas.

La apuesta por canciones originales da además al espectáculo una identidad musical propia y permite que el elenco tenga que enfrentarse a los números desde una doble perspectiva: interpretar y cantar al mismo tiempo.

Y precisamente ahí encontramos uno de los principales valores de la función.

Los intérpretes no desaparecen detrás de las canciones. Al contrario, utilizan la música para continuar actuando y para reforzar aquello que están contando sus personajes.

La voz se convierte así en una herramienta narrativa más.

Esto hace que los números musicales estén integrados dentro de la historia y que cada uno de los personajes tenga una manera diferente de enfrentarse a ellos.

 

Anabel Collado: una Reina Malvada con carácter y personalidad

En la función que pudimos disfrutar, Anabel Collado fue la encargada de interpretar a la Reina Malvada, y consigue construir un personaje con una personalidad escénica muy marcada.

Su trabajo encuentra un equilibrio especialmente acertado entre la imagen de autoridad que asociamos a este personaje y el componente cómico que forma parte de la propuesta.

Collado sabe imprimir carácter a la Reina Malvada, pero también sabe jugar con ella. Esa capacidad para moverse entre diferentes registros permite que el personaje tenga una dimensión mucho más amplia y que la interpretación resulte especialmente dinámica.

En los números musicales, la actriz mantiene esa personalidad y consigue que la parte vocal esté completamente ligada a la interpretación.

No se limita a cantar: continúa interpretando mientras canta.

La canción se convierte así en otra manera de expresar aquello que siente el personaje y permite que la Reina Malvada conserve su identidad incluso durante los momentos musicales.

También destaca su capacidad para integrarse en el trabajo coral.

 

Juno Kotto King: una Maléfica con fuerza vocal y escénica

Juno Kotto King se pone en la piel de Maléfica y aporta al personaje una presencia escénica especialmente potente.

Su voz adquiere un papel fundamental en los números musicales y permite que Maléfica tenga una dimensión sonora acorde con la personalidad que la intérprete construye sobre el escenario.

Pero lo más interesante es que Kotto King no utiliza la parte vocal únicamente como una oportunidad para mostrar sus capacidades como cantante. La voz está siempre al servicio del personaje.

Cada canción continúa contando quién es Maléfica.

Hay fuerza, seguridad y energía, pero también espacio para la parte más divertida de la propuesta. Kotto King sabe jugar con la imagen que todos tenemos de este personaje y llevarla hacia un terreno en el que la comedia tiene un papel importante.

Su presencia en los números musicales aporta además mucho dinamismo a la función y demuestra una gran capacidad para combinar interpretación y canto sin que ninguna de las dos facetas quede relegada.

El resultado es una Maléfica con una identidad propia, poderosa en lo vocal y muy expresiva en lo interpretativo.

 

María Marín: una Madrastra llena de expresividad

María Marín interpreta a la Madrastra y encuentra en la expresividad y la comedia dos de las principales herramientas para construirla.

Hay una gran atención al gesto, a las reacciones y a los pequeños detalles, elementos que permiten que el personaje tenga personalidad incluso en aquellos momentos en los que no necesita ser el centro de la escena.

Marín sabe jugar con los tiempos y con la actitud del personaje, consiguiendo que muchas de sus intervenciones tengan una dimensión cómica especialmente efectiva.

Pero su trabajo no se queda en la parte interpretativa.

Cuando llegan los números musicales, consigue trasladar esa misma personalidad a la canción. Su manera de interpretar vocalmente mantiene la esencia de la Madrastra y hace que el paso del diálogo a la música resulte natural.

Esto es especialmente importante en un musical como Villanas, donde cantar no significa abandonar al personaje, sino encontrar otra forma de expresarlo.

Marín demuestra esa capacidad durante la función y aporta además una gran química con el resto del elenco, algo fundamental para que las escenas compartidas funcionen con la naturalidad y el ritmo que requiere la propuesta.

 

Carlos Báez: una Úrsula con una personalidad arrolladora

Carlos Báez asume el papel de Úrsula y construye uno de los personajes con mayor personalidad escénica de la función.

Su interpretación apuesta claramente por la comedia, la expresividad y la interacción con el resto del elenco. Báez sabe aprovechar el lenguaje corporal, los gestos y el ritmo para convertir a Úrsula en una presencia que no pasa desapercibida.

La parte musical vuelve a ser fundamental.

Báez utiliza las canciones como una extensión de la interpretación y consigue que Úrsula mantenga su personalidad también durante los números musicales. La voz, la expresión y el movimiento trabajan conjuntamente para construir un personaje muy reconocible dentro del conjunto.

Existe además una circunstancia especialmente interesante: Carlos Báez es autor y director del espectáculo, además de responsable del diseño de iluminación, por lo que su presencia sobre el escenario supone también encontrarnos con uno de los principales responsables de la identidad artística de Villanas.

Sin embargo, una vez comienza la función, esa faceta creativa queda en segundo plano y aparece el intérprete.

Y lo hace con una energía y una entrega que contribuyen de manera importante al ritmo general del espectáculo.

 

Cuatro villanas, cuatro personalidades

Uno de los grandes aciertos del reparto que pudimos ver es que cada una de las cuatro protagonistas tiene una personalidad perfectamente diferenciada.

Anabel Collado, Juno Kotto King, María Marín y Carlos Báez no construyen sus personajes desde el mismo lugar, y precisamente esa diversidad hace que el conjunto resulte mucho más interesante.

La Reina Malvada, Maléfica, la Madrastra y Úrsula necesitan tener una identidad propia cuando aparecen juntas, y el reparto consigue establecer esas diferencias a través de la interpretación, la comedia y, especialmente, la música.

Cada una tiene su propia manera de enfrentarse a los números musicales y cada intérprete consigue trasladar a las canciones aquello que previamente ha construido desde el personaje.

Esto permite que la música no sea únicamente un elemento sonoro, sino una parte fundamental de la personalidad de cada villana.

Y cuando las cuatro coinciden sobre el escenario aparece otro de los grandes valores de la función: la química entre el elenco.

La comedia necesita complicidad, escucha y capacidad de reacción. Los números musicales necesitan energía colectiva. Y las escenas compartidas requieren que cada intérprete sepa cuándo tomar protagonismo y cuándo dejar espacio al resto.

La función que pudimos presenciar demuestra que existe ese equilibrio.

 

Vestuario, caracterización y atrezzo

En un espectáculo protagonizado por personajes cuya imagen es tan reconocible, el apartado visual tiene también una importancia especial.

El vestuario y la caracterización, así como el atrezzo, corren a cargo de Adrián Cuenca.

Estos elementos contribuyen a diferenciar a cada una de las protagonistas y ayudan a construir el universo particular en el que se desarrolla la función.

Cada personaje mantiene una identidad propia y, al mismo tiempo, los diferentes elementos visuales consiguen integrarlos dentro de una misma propuesta.

La caracterización resulta especialmente importante en este caso porque estamos ante personajes que el público identifica inmediatamente, por lo que el trabajo visual tiene que conseguir mantener esa esencia y adaptarla al lenguaje teatral del espectáculo.

 

La iluminación como parte del espectáculo

El diseño de iluminación corre a cargo de Carlos Báez y acompaña el desarrollo de la función, especialmente durante los momentos musicales.

En un musical, la iluminación tiene la capacidad de modificar el ritmo visual de una escena y de acompañar las diferentes transiciones que se producen sobre el escenario.

Aquí funciona como un elemento más dentro de ese conjunto formado por música, interpretación, vestuario y caracterización.

A todo ello se suma el trabajo del equipo técnico formado por Lydia Plata, Ángela Alcázar y Lucía García, imprescindible para que todos estos elementos puedan desarrollarse durante la función.

La producción cuenta también con Carmen Calle como Reina Malvada, Yacine Dieye como Maléfica y Rocío Villar y Ariadna Comas como Madrastra en otras funciones.

En nuestra función pudimos disfrutar de Anabel Collado, Juno Kotto King, María Marín y Carlos Báez.

 

Cuando las villanas toman la palabra

Hay algo especialmente atractivo en la premisa de Villanas: todos creemos conocer a estas mujeres.

Tenemos una idea previa de Maléfica, de Úrsula, de la Reina Malvada y de la Madrastra.

Pero el musical propone detenerse y escucharlas.

A través de la música, la interpretación y la comedia, BRODWEI construye un espectáculo que juega con esos personajes conocidos y les permite ocupar el lugar que normalmente pertenece a los protagonistas de sus cuentos.

La función que pudimos disfrutar en el Teatro Arlequín Gran Vía de Madrid nos deja una valoración especialmente positiva de un espectáculo que encuentra en su elenco uno de sus principales motores.

Anabel Collado, Juno Kotto King, María Marín y Carlos Báez consiguen que sus personajes tengan voz propia y, además, utilizan esa voz para hacer que las canciones formen parte natural de la historia.

La música, por tanto, no está simplemente presente: es una de las maneras que tienen estas villanas de contar quiénes son.

Y quizá ese sea el verdadero atractivo de Villanas.

Que durante un rato dejamos de mirar a estas mujeres como las malas de sus respectivos cuentos y nos sentamos a descubrir qué ocurre cuando tienen la oportunidad de contar su propia versión.

Porque esta vez no vienen a formar parte de la historia de otro.

Esta vez, las villanas son las protagonistas.